El sábado 29 de octubre
Telecinco volvía hacer gala de su
aparente falta de escrúpulos o como ellos lo llaman, dedicación a la audiencia.
Esa noche invitaron a
La Noria a
Rosalía García, madre del “Cuco”, implicado en el
asesinato, violación y desaparición de
Marta del Castillo. Esa fue una aparición televisiva por la que muchos se
llevaron las manos a la cabeza, una de esas manos en concreto, pertenecía a
Pablo Herreros. Se trata de un
periodista, colaborador de RNE y tal vez lo más importante,
bloggero. Tal vez su post en contra del
famoso programa no fue el único, pero lo cierto es que si fue el que golpeó más
fuerte. Pablo llamó a la acción y pidió que la gente se uniera, no contra La
Noria, si no contra sus anunciantes, empresas que pudieron sacar dinero de la
desafortunada entrevista.
Y funcionó ya van 18 marcas las que retiran su publicidad de la Noria y algunas otras se
están “borrando” también de Sálvame.
Lo cierto es que pese a que la
programación es de las más criticadas (y ya empieza a serlo la de
Cuatro),
la abundancia de enemigos no está mermando
la de espectadores, que son el sustento básico de los contenidos de cualquier
canal de televisión. Aunque ahora tendrán que “alimentarlas” con otros
anunciantes.
Pese a ello, Telecinco nunca ha
hecho la intención de modificar su línea, incluso podría decirse que ha ido a
peor.
Ignora completamente a sus
detractores y ¿es este un camino adecuado para cualquier empresa? ¿Deberían
de ser, seguidores y “enemigos” igual de importantes? ¿Benefician de algún
modo?. De acuerdo a estas preguntas he leído un interesante artículo en
PR Daily que puede resolver alguna de
estas preguntas.
Para
cualquier empresa es fácil encontrar un enemigo, ya sea un cliente descontento
o alguien que no está de acuerdo con alguna de las líneas de las acciones de la
empresa. Hace unos años esto podría no estar en la lista de temas a tratar de
las empresas, pero nos encontramos en la comunicación global y UN cliente
descontento con conexión a Internet puede llegar a ser altamente peligroso,
pero ¿pueden llegar a ser una ventaja? Para
Rohit Bhargava autor de este artículo tienen cinco:
- El odio muestra
las debilidades de la empresa. Ninguna empresa es perfecta y estos “odios”
pueden ayudarla para encontrar el camino
hacia la mejora y fortalecer su negocio.
- Los
enemigos pueden ser “convertidos”.
Hay muchos tipos de enemigos, pero pocos son eternos. El más común es aquel que
ha tenido una mala experiencia con la empresa. Si se soluciona este malentendido lo más seguro es que este ofensor se
convierta en el mayor defensor.
- El
odio puede llamar la atención sobre
nuestra empresa. Aunque para mal, es gente que habla de la organización
frecuentemente y no deja de ser visibilidad. Para solucionar esa mala
visibilidad hay que encontrar la forma de contrarrestar
la negatividad y convertir esa atención sobre la empresa en algo bueno.
- Si nos encontramos con gente descontenta, se
la puede redirigir a nuestra página de FAQ,
en caso de que esto no funcione, es un buen momento para actualizarla de acuerdo a los temas de los que la gente se queja.
- Cuando
aparecen enemigos, se ven compensados
los esfuerzos que se hayan hecho en comunicación social. es decir, si se ha
conseguido un buen número de fans o seguidores de la marca y éstos son
seguidores reales, ellos mismos se encargarán de “defender” la empresa. Aunque eso
no implica que se les deba dejar todo el trabajo.
Imagen:
Travis S.